ARCHIVO VIVO 04 - EFRÉN ESPINOZA

ARCHIVO VIVO 04 - EFRÉN ESPINOZA

Fotografía Jesús Montealegre. Texto Berenice Buendía

Archivo Vivo es una nueva sección de Punto Ácido que nace como un intento por generar más diálogo sobre lo que nos apasiona: las publicaciones impresas. Queremos recolectar nuevas miradas sobre aquello que a veces permanece apilado, pero que al hojearlo de nuevo despierta una curiosidad intensa y hace que el corazón palpite más rápido.

Hay una lectura en particular que despertó este espacio: "London’s New Wave Of Stylish Collectors Are As Well Read As They Are Well Dressed" en Vogue UK. Pensar en lo urgente que es documentar y mostrar que, incluso en países como México donde la distribución impresa es limitada, las revistas siguen vivas. Siguen habitando casas, colecciones personales, estantes compartidos. Siguen siendo reflejos de distintos tiempos.

Los perfiles presentados aquí retratan a creativos que nos inspiran. Personas que coleccionan archivo impreso, arte u objetos curiosos que permiten documentar y en cierta forma, hacer eterna la existencia misma.

Efrén Espinoza - Make up artist & hairstylist 

Efrén ha buscado toda su vida mundos alternos que contengan misterios mágicos para habitarlos; desde esta filosofía fue donde encontró que, al transformar a sus muñecas, podía crear nuevas realidades. Comenzó maquillando a su mamá y a su tía, lo que era una pasión se convirtió en su carrera. Su talento lo ha llevado a trabajar con artistas como Yoonchae Jeung, Judeline o Silvana Estrada. Todas ellas capturadas por su esencia coqueta, que proyecta en looks de belleza capaces de expandir lo visible. Ya no solo maquillando: también peinando y, recientemente, explorando la fotografía.

Siempre referenciando esa inocencia que lo caracteriza desde niño, misma que se respalda en su archivo: el primer objeto que coleccionó; las muñecas, es para él un registro de época. A través de ellas descubrió su pasión por estilizarlas, y se obsesionó tanto con las Monster High que su verdadera primera colección de revistas es esa (todos sus números), la base de lo impreso en los 2000s con quizzes, muy coloridas, intensamente gráficas, literalmente su primera educación visual. A partir de ahí comenzó a adentrarse en nichos como las Blythe, muñecas que están hechas para ser fotografiadas.

Esa misma magia que acompaña la forma de expresarse de Efrén inunda su espacio con publicaciones de Sofia Coppola, Simone Rocha, entre otros. Este perfil es profundamente especial porque su práctica refleja su labor de absorber la presencia, contagiándola y comunicándola en un lenguaje donde sus personajes son santos extraños: pieles que brillan como si acabaran de llorar, ángeles que evitan la mirada y la tienen perdida. Efrén busca un mundo alterno donde las cosas se encuentren a sí mismas; empezó buscándolo en las muñecas y lo persigue ahora en el pelo y la piel, y sus rostros hacen lo mismo que él: miran hacia ese lugar. Probablemente por construir un espacio para cada personalidad, donde cada individuo pueda existir sin pedir permiso.

Berenice Buendía: ¿Cuándo empezaste a maquillar?

EE: De chico, tomando el maquillaje de mi mamá. Nunca me gustó maquillarme a mí, pero me gustaba maquillar. En mis dibujos siempre salía lo mismo: mujeres, mujeres, mujeres. Empecé a tomármelo en serio en la secundaria, cuando una maestra me pidió la escenografía de una obra. Le dije que no, no quería dibujar bosques gigantes, yo solo dibujaba mujeres, y me pasó el maquillaje de la obra, ahí supe que quería dedicarme a esto.

BB: ¿Por qué crees que las mujeres son un tema constante en tu trabajo?

EE: Me atraen muchísimo, pero no de manera sexual. Cuando veo a una mujer guapa, lo que pienso es: la quiero maquillar. Una vez alguien me preguntó si lo que hago no es muy superficial. Entiendo por dónde iba, al final es belleza, pero no lo veo así. No busco que alguien se vea guapo. Estoy creando un universo a partir de lo que puedo hacer. Antes lo canalizaba dibujando; ahora lo canalizo maquillando y con la fotografía. Como ya lo puedo volver tangible, me gusta más, por eso dejé de dibujar.

Lo que me atrae de la mujer es la oportunidad que tiene su cuerpo para materializar ideas que un hombre no tiene. Los hombres no me inspiran; la única vez que me gustan es con un beauty look. A la mujer históricamente la han hecho frágil porque puede dar vida, porque tiene un poder más transformativo, místico. Puede transformarse mucho más fácil: en un ciclo se transforma cuatro veces al mes, algo que un hombre no tiene. Ahí está la magia, y ahí está la diferencia.

BB: ¿Cómo describirías la estética que has construido al maquillar y peinar a alguien?

EE: Doll, doll por completo. Muñequita, pero no una nena de rizos y vestido. Se le tiene que asomar el calzón, tiene que traer un tacón gigantesco y un delineado increíble. Físicamente tiene que verse feroz, fuerte. Dulce, pero que confunda: que su mirada dé un poco de miedo. Combinar lo tierno —lo rosa, lo de muñecas— con algo más sensual. No sexualizar: sensualidad.

“Transformar a alguien es una excusa para imaginar todo un nuevo universo.”

BB: ¿Qué te ha dado el maquillaje?

EE: Le debo todo. Ha sido la herramienta que me dio lo que hoy puedo crear: me abrió la puerta a la fotografía y al cabello y me abrió el panorama de todo un mundo. El maquillaje es una puerta a mil universos, conocidos y por conocer. Además nunca va a pasar de moda, porque la gente siempre va a querer verse mejor. Y no es solo labiales: tiene muchísimas ramas, desde un efecto especial hasta un beauty.

"No me interesa la belleza obvia. Construyo realidades alternas a partir de lo que puedo hacer; naturalmente no somos así."

BB: ¿Cómo empezaste a coleccionar?

EE: Mi primera colección fueron las muñecas, aunque no empezó como colección: empezó con lo que jugaba de niño. Empecé con Barbies, porque todavía no existían las Monster High, tenía dos Barbies y una My Scene. En 2010 llegaron las Monster High y me obsesioné por completo con ellas. Tenía ocho, nueve años. Nunca me dejaron de gustar; hasta la fecha las sigo comprando, solo que ahora las abro, las tengo, y ya no juego con ellas.

BB: ¿Por qué crees que las muñecas son un archivo tan poderoso?

EE: Porque cada muñeca guarda lo que estaba de moda en su tiempo. Si quieres saber qué había en 2010, busca las Barbies de 2010, las Monster High de 2010: los copetes, las coletas, los rubios, las mechas, los labios delineados, los ojos smokey. Ahí puedes verlo.


BB: ¿Y las revistas, desde cuándo?

EE: Mi primera introducción a lo visual fueron las revistas. Me encantaban las de Por Ti; tengo un montón. Después me pasé a las de Monster High. Siempre me han gustado los libros y las revistas porque son tangibles. Desde niño, dentro de las cajas de las muñecas venían catálogos, y me obsesionaba ver todo lo que había. Los guardaba, me los llevaba a la escuela. Es como mi TikTok: qué bonito es esto, esto está más bonito. Una especie de adicción. Hay cosas que me atraen y no sé nombrar; solo sé que me atraen.

BB: ¿Qué es lo que rescatas de coleccionar todas estas cosas: etiquetas, revistas, dibujos?

EE: Todo termina en la imaginación. Me permite nutrir aquellas ideas que quiero ejecutar.  

BB: Actualmente, ¿cómo seleccionas las piezas que traerás a tu archivo?

EE: Soy muy de juzgar un libro por su portada. Pero al final me baso en si me va a aportar algo, si me va a inspirar. Prefiero buscar inspiración en libros y en cosas impresas que en internet porque es más difícil llegar a esa imagen que a una foto de Pinterest.

BB: Si hubiera un incendio y tuvieras que salvar una revista y una muñeca. ¿Cuáles serían?

EE: El libro del archivo de Sofia Coppola. Habla de varios mundos que me gustan; siento que tengo cinco libros en uno. Y la Blythe de Milk que tengo en mi cama: es una colaboración con una marca japonesa que me gusta mucho.

BB: ¿Cómo imaginas tu futuro creativo?

EE: Sigo muy enfocado en crear. Empecé a estudiar fotografía porque cada vez que colaboraba pensaba que yo tenía otra visión de lo que se estaba mostrando: desde aquí se ve más lindo, muévele el pelo, ponle algo para que la piel brille. Sentía que tenía un ojo para eso. Casi todo lo que subo a Instagram lo tomó yo, porque confío en muy pocos fotógrafos; por eso me dije: ¿por qué no intentarlo? Ahora quiero hacerlo desde un lugar más profesional: ya sé lo que me gusta, ahora toca aprender la técnica. Me ayuda mucho estar rodeado de amigos que me inspiran (Alonso, Ximena, Jesús). Aprendo muchísimo de ellos.

BB: Para cerrar ¿qué te ha obsesionado últimamente?

EE: Más que una obsesión, una realización: las lágrimas. Lo mágico que son. El cuerpo humano es una máquina increíble, pero lo que nadie va a poder igualar es que siente. Me parece mágico que pueda sacar una emoción a través del agua, al final somos pura agua. Que el cuerpo se sienta triste y saque eso reflejándolo. Lloras de enojo, de felicidad, de tristeza; ver cómo se va formando la gota en el ojo me parece bellísimo.

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