
Fotografía Alonso Díaz. Texto Berenice Buendía
Archivo Vivo es una nueva sección de Punto Ácido que nace como un intento por generar más diálogo sobre lo que nos apasiona: las publicaciones impresas. Queremos recolectar nuevas miradas sobre aquello que a veces permanece apilado, pero que al hojearlo de nuevo despierta una curiosidad intensa y hace que el corazón palpite más rápido.
Hay una lectura en particular que despertó este espacio: "London’s New Wave Of Stylish Collectors Are As Well Read As They Are Well Dressed" en Vogue UK. Pensar en lo urgente que es documentar y mostrar que, incluso en países como México donde la distribución impresa es limitada, las revistas siguen vivas. Siguen habitando casas, colecciones personales, estantes compartidos. Siguen siendo reflejos de distintos tiempos.
Los perfiles presentados aquí retratan a creativos (y a veces no tan creativos) que nos inspiran. Personas que coleccionan archivo impreso, arte u objetos curiosos que permiten documentar y en cierta forma, hacer eterna la existencia misma.
Mafer Lara - Editora en Vogue

El trabajo de Mafer se centra en conectar: encontrar una chispa y hacer que esa persona o ese tema encienda algo en alguien más. Cuando la escuchas hablar con tanta pasión, sabes que pone el corazón en todo lo que hace. Su forma de crear es intensa y profunda; cuenta historias a través de cualquier formato que tenga a la mano. “Siempre he opinado de todo, incluso en lo que no me corresponde”, me confiesa. Y así, sin buscarlo del todo, consolidó su camino: contar historias es lo que realmente ama hacer y en este momento en particular es a través del print.
Elegimos a Mafer como el primer perfil de Archivo Vivo porque su manera de darle vida a las piezas impresas surge desde la intuición, la manifestación y una cierta alquimia: transforma el contenido que hay dentro en futuras realidades. Como aquella vez que compró el libro Factory de Stephen Shore en su primer viaje de prensa, sin saber que tiempo después lo usaría como referencia para escribir sobre su primera semana de la moda en Nueva York: una colección de Tommy Hilfiger inspirada justamente en Andy Warhol.
FACTORY por Stephen Shore
O esa edición de AnOther Magazine FW23, que fue un regalo de María Zetina —diseñadora y amiga querida—, donde Marina Abramović aparece en la portada, justo antes de que en 2025 Mafer pudiera conocerla en persona durante Art Week, asistir a su performance en La Cuadra (una de las casas de Barragán) y, además, salvarla… pero esa historia tendrán que preguntársela a ella.
AnOther Magazine FW23
Cada una de sus piezas representa un momento significativo. “Son recuerdos de los lugares que he visitado. Siempre que viajo compro una revista y un disco. Es mi regla. Es mi souvenir”. Algunas otras piezas llegaron a ella como regalos de personas queridas. Y así es como todas viven en su sala brutalista y contemporánea, como testigos silenciosos de lo que ha sido y lo que está por venir.

Berenice Buendía (BB): Mencionaste que tu relación con las revistas empezó sin querer, ¿Cómo fue que el print te encontró?
María Fernanda Lara (MF): Estaba en la carrera, una amiga que trabajaba en una revista me contó que buscaban a alguien para escribir para digital. En ese momento ni siquiera sabía que me gustaba escribir. Siempre estuve enfocada en diseño de moda y aunque había tomado algunos talleres de narrativa, mi experiencia era más académica. Mandé mi currículum, no me buscaron. Tres meses después me volvieron a contactar: le habían dado mi número a la editora de moda. Me pidieron algunos textos de prueba y empecé a escribir para el sitio web de Instyle México.
Para mí era un trabajo práctico, en ese momento. Pero lo que parecía algo transitorio, terminó ocupando todo mi tiempo.
Fui intern, luego asistente, después coordinadora… hasta que un día ya estaba llevando la sección de moda. El primer número que hice completamente sola coincidió con el mes en el que presentaba mi colección de graduación. Literalmente tenía un trabajo de tiempo completo en la industria y aún estaba por graduarme.
BB: ¿Y cómo fue esa transición de lo digital al print?
ML: Creo que fue porque soy metiche (risas). Siempre he opinado en todo, incluso en lo que no me corresponde. Mi jefa empezó a involucrarme en juntas de print, a pedirme ideas, temas. Así fue como me fue asignando historias.
De ahí, el paso fue paulatino, pero inevitable. Una vez que te involucras, no hay vuelta atrás. Yo siempre he tenido un amor especial por los formatos análogos. Soy una romántica empedernida. Todo lo hecho a mano me parece valioso. Y la moda, a pesar de sus avances, sigue siendo una industria profundamente artesanal. Por más máquinas que existan, siempre hay una persona detrás de cada prenda. No hay máquinas de coser que funcionen solas. Ese componente humano —esa cadena de manos detrás del trabajo editorial, de producción, de imprenta— es lo que hace que el print tenga tanto valor. No es solo el producto final: es todo lo que implica llegar a él.
Instyle México noviembre 2022
BB: ¿Qué valor encontraste en hacer print?
ML: Más allá del valor personal que le doy, entendí que las revistas impresas tienen un peso real en la industria. Son un esfuerzo colectivo: desde la investigación hasta la edición, desde el estilismo hasta la producción e impresión. Hay un equipo inmenso detrás, mucho más allá de los nombres que ves en el directorio.
El print no vale solo lo que cuesta. Una revista no cuesta hacerla los $55 o $130 pesos que pagas por ella. Por ejemplo, una edición importada puede costar $600, pero incluso una nacional representa un trabajo artesanal y exhaustivo. Lo entendí una vez que estuve dentro del proceso.
BB: ¿Qué opinas de quienes dicen que el print va a desaparecer?
ML: No creo que desaparezca. Esa narrativa de “el print está muerto” es falsa. El impreso sigue siendo una estrategia comercial sólida. En moda, el negocio de las revistas no está en la venta al público, sino en la venta de publicidad. Nadie sostiene una revista con lo que paga un lector en el punto de venta.
Y además, el print sigue funcionando como una herramienta de segmentación. Todos consumimos información de formas diferentes. A lo mejor yo me dejo influenciar por algo que veo en redes, pero mi papá no. Él no va a comprar lo que ve en Instagram, y ahí es donde sigue funcionando: como un canal que llega a otros públicos, a otras generaciones.
Es como decir que los libros físicos van a desaparecer porque existe el Kindle. Claro que no. Coexisten distintos formatos, y eso es parte de su valor.
“Para mí, el print es permanencia. Se trata de dejar un rastro, una huella. Si alguien compra una revista donde aparece tu trabajo, va a vivir en una casa, en una repisa. Va a seguir existiendo.”
A Magazine Curated By Maison Margiela
BB: ¿Qué hace que una revista impresa tenga más valor para ti?
ML: Para mí, el print es permanencia. Se trata de dejar un rastro, una huella. Si publicas algo en digital, probablemente desaparezca en cuanto alguien más suba una historia, o se actualice el sitio. En internet todo es efímero. Puedes dedicarle un año entero a una investigación, entrevistas, escritura, edición… y cuando se publica, alguien lo lee, pero luego otra nota nueva lo sustituye. Se pierde.
En cambio, si alguien compra una revista donde aparece tu trabajo, eso va a estar ahí. Va a vivir en una casa, en una repisa. Va a seguir existiendo.
BB: Entonces, ¿las revistas también son archivo?
ML: Absolutamente. Son una forma de documentar lo que está pasando. Son el recuento moderno de la historia. Si quieres buscar algo histórico, vas a una enciclopedia. Pero si quieres entender cómo ha evolucionado la moda —o el contexto social, cultural o político—, vas a una revista.
Son más que entretenimiento: sitúan la moda en un contexto social. Permiten interpretar los desfiles, las colecciones, las ideas, y traducirlas a un lenguaje que pueda permear. Eso es lo que hacen los editores y escritores: son el puente entre la industria y el lector.
BB: Claro, y más en Latinoamérica, donde aún no existe una teoría de la moda tan desarrollada, las revistas son archivo. Son la teoría en la práctica.
Descríbeme las sensaciones y emociones que te provoca revisitar tu archivo impreso u hojear nuevas publicaciones?
ML: Honestamente me da algo de escalofrios… y creo que es un sentimiento que compartimos muchos que trabajamos en la industria. El saber que eres parte de algo más grande, que tu trabajo está quedando literalmente impreso para la eternidad. Es una forma de mantener vivo el zeitgeist y volverlo eterno. Me emociona saber que soy parte de algo más grande, que estoy ayudando de alguna forma a escribir la historia de la moda… que probablemente en 30 años cuando alguien quiera investigar sobre la moda de los 2020 lo que hará es abrir una de estas revistas, como si fuera una enciclopedia de la moda.
BB: ¿Dónde consigues tu archivo?
ML: Muchos han sido regalos, la gente que me conoce suele regalarme portadas de mis artistas favoritos. La cantidad de títulos independiente que hay en el extranjero es impresionante. Pero en México, Punto Ácido y Casa Bosques tienen una curaduría que encuentras en muy pocos lugares.
BB: ¿Cuál es tu pieza favorita de punto ácido?
ML: The Paris Review. Creo que es el título en el que todo gran escritor aspira a publicar alguna vez.
BB: ¿Qué pieza salvarías de un incendio?
ML: Probablemente la primera Vogue que hice. Un MET issue, mayo 2024, con Zendaya en la portada y una historia de Maison Margiela Artisanal designed by John Galliano en los interiores. Sí, esa mítica colección que probablemente pasará a la historia. Compartir páginas con todos esos nombres es algo que me sigue volando la cabeza hoy en día. Lo mismo con la primera Vogue americana guest- edited por Marc Jacobs; trabajamos en historias bellísimas. O mi Interview del 74, que aún se imprimía en papel periódico, valía 50 centavos de dólar y la editaba Andy. ¿Se pueden todas? Igual y no me salvaría del incendio jajajaja.
Interview enero 1974




